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abc.es 22 de septiembre de 2026

La IA acelera el estudio de fluidos, pero la creatividad matemática sigue siendo humana

Inteligencias artificiales pueden asistir en la resolución de ecuaciones complejas, pero no sustituyen la capacidad creativa de los científicos para formular y entender los problemas.

La IA acelera el estudio de fluidos, pero la creatividad matemática sigue siendo humana

Desde que un joven Leonhard Euler plasmó en 1755 las ecuaciones que describen el movimiento de un fluido ideal, la ciencia ha intentado comprender fenómenos tan cotidianos como el chorro de agua de un grifo o tan espectaculares como el flujo de aire alrededor de un avión. Estas ecuaciones, conocidas como las de Euler, suponen que el líquido no tiene viscosidad, es decir, que no hay fricción interna que lo ralentice.

Para acercarse a la realidad, los físicos introdujeron las ecuaciones de Navier–Stokes, que añaden el efecto del rozamiento interno del fluido. Ambas series de fórmulas convierten en símbolos matemáticos algo tan familiar y a la vez tan complejo como el movimiento de los gases y los líquidos. Aún hoy, una pregunta fundamental sigue sin respuesta: ¿puede un flujo que comienza de forma ordenada desarrollar, en un tiempo finito, una singularidad, es decir, un punto donde las magnitudes físicas se vuelven infinitas o indeterminadas?

En los últimos años, la inteligencia artificial se ha convertido en un "acelerador" que ayuda a explorar estas ecuaciones, generando aproximaciones y descubriendo patrones que a los humanos les llevaría mucho más tiempo encontrar. Sin embargo, la capacidad de imaginar nuevas hipótesis, de formular preguntas originales y de interpretar los resultados sigue siendo una facultad exclusivamente humana, esencial para avanzar en la comprensión de los fluidos y de la naturaleza en general.